HACIA DONDE IR EN SALUD DESPUÉS DE LA COVID 19

Leonardo García Rojas
Presidente Junta Directiva
Colegio Médico de Cundinamarca y Bogotá

Continúa corriendo el tiempo desde el 6 de marzo del 2020 con la llegada del coronavirus a nuestro país y ya aceptamos que el virus llegó para quedarse; la enfermedad Covid-19 es clasificada por la OMS como una enfermedad endémica, luego nos toca acostumbrarnos a vivir con las medidas de prevención.

Lo que no podemos es pasar la hoja, de estos 60 o más días de cuarentena a la ligera, y no darle una lectura de lo que saco a flote el coronavirus, que puso en jaque no solamente la economía de nuestro país, sino la del mundo.

El afán de progresar y cumplir con unas metas e indicadores de desarrollo económico, a toda costa, generando más demanda de bienes y servicios, produciendo el sobreconsumo como una enfermedad del capitalismo, como si los únicos seres vivos en el planeta fuéramos los seres humanos; no permitió hacer un análisis de situaciones anteriores con la aparición de otros virus como el MERS, INFLUENZA, N1H1, VIH, CHICUNGUÑA, DENGUE, EBOLA y su relación directa con la destrucción de ecosistemas ambientales, que aumentan la probabilidad de la mutación viral y de la agresividad de los virus, es decir que son las condiciones ambientales generadas socialmente, las que hacen mutar. Los virus se vuelven muy importante para la vida de los seres humanos, por su origen, ya que el 99% tiene un origen zoonótico y la vida de los seres humanos es casi imposible sin los animales.

Ese virus llega y encuentra sociedades cada vez inequitativas, más desiguales, más vulnerables, que tampoco son productos del azar, sino que se han creado con mayor énfasis en estos últimos 25 años de gobiernos neoliberales, que se preocupan por lo superficial, lo que se puede mostrar, unas ciudades pujantes, con edificios, grandes vías, grandes centros comerciales, entre otros, pero debajo de esa superficialidad está la pobreza, la gente que no tiene capacidad para vivir, ese 60% o más de la fuerza laboral de su población, que para poder vivir necesita las calles, donde recogen sus migajas diarias. Esas son las verdaderas ciudades neoliberales y ahí es donde se está cocinando la pandemia.

El coronavirus lo que nos mostró es la contradicción del capitalismo y el planeta; quién no se ha sorprendido y ha sentido alegría al ver los mares y ríos más limpios; los delfines en la bahía de Cartagena; los animales dueños de las vías en poblaciones y ciudades; el poder observar el nevado del Huila, desde Bogotá. El resultado de esa contradicción es que se empieza a generar cuestionamientos en la estructura ideológica y en la necesidad de una conciencia social, que ojalá repercuta, más temprano que tarde, en un cambio en la estructura jurídica y política, que rigen en el país.

El pensamiento individualista, caracterizado por la supremacía del talento de las personas para destacarse y generar ideas geniales, el de sálvese quien pueda, el de usted no sabe quién soy yo, en donde el que sobresale es el que se conoce como el “más abeja”, todo soportado en una concepción de la prevalencia de los más fuertes, estimulado en lo que se conoce como la ideología neoliberal, es cuestionado. Frente a cualquier catástrofe, solamente la interacción social, la fuerza colectiva y los ideales de solidaridad, son los que sacan adelante una situación como la que vivimos. Este pensamiento colectivo ha ganado un espacio real, de ser reconocidos más como especie que como individuo. Lo ganado debe generarnos una expresión de algo diferente a lo que hemos vivido y orientarnos hacia un nuevo camino.

La cuarentena ha permitido este cuestionamiento, se ha venido evaluando el modelo de Ley 100 frente a la pandemia, en donde quedó al desnudo la evidente sensación de vulnerabilidad de trabajadores, profesionales, infraestructura, equipos, insumos, generando un impacto positivo de reconocimiento del sector salud, por su relación directa con la vida, como lo importante y necesario para la sociedad. Es decir, también ha generado condiciones para que la sociedad esté atenta a oír nuevas propuestas, todo enmarcado en lo que necesitamos construir como una nueva normalidad, en donde esté primero la vida, eso incluye la necesaria reforma estructural a la salud.

Tenemos que pasar de unos sistemas de salud con tendencias a la masificación, a la burocracia y a la despersonalización, con su único objetivo de facturación, a uno donde rescatemos nuestra misión, que es el cuidado del paciente. Que pasemos de verlos como una imagen “difusa”, donde no sabemos quiénes son, ni qué es lo que realmente les importa, volviéndonos insensibles en su atención; a una relación donde se fomente el arte de la conversación, el de acercarnos a la manera de ser de cada persona, en donde prime lo relacional, la moderación, la solidaridad y no la de crear nuevas necesidades en los pacientes, para después ofertarle esas soluciones, induciendo más demanda, luego más facturación, más ganancia.

Se necesita un sistema de salud con otro enfoque, de llevar los servicios de salud a la comunidad. Es un cambio, que en lugar de, la ciudadanía busque el servicio de salud, el servicio de salud busque a la ciudadanía. Es decir, necesitamos cambiar el concepto de salud como atención médica, con predominio y centrado en los hospitales, a uno en donde se retome los fines de los trabajadores sanitarios: prevenir las enfermedades, curar lo que puede ser curado, aliviar el sufrimiento y ayudar al buen morir, que realmente tenga un gran componente de salud pública (acciones colectivas) y un menor componente de atención a las personas (acciones individuales), pero como centro, en su gobernanza y servicios, la ciudadanía y el paciente, retomen el control y sus decisiones.

El llamado es a construir una propuesta alternativa, pensando y conociendo de manera diferente, haciendo reflexión crítica, invitando a un diálogo de diferentes disciplinas y saberes, dejando a un lado los intereses que entrañan cada uno, permitiendo la confrontación de posiciones, todos en caminados a dar respuesta al desafío que representa la sustentabilidad de la vida.

¿Qué quisiéramos ver con la propuesta?:

La pandemia nos está demostrando que el problema de salud no es un problema individual, se muestra en individuos, se expresa en enfermedad, en muertos, pero es el resultado de un proceso complejo que se llama de determinación social.

No podemos seguir viendo la salud como la atención y la medición de la enfermedad; necesitamos pasar al concepto de atención a las poblaciones, con una mirada de promoción y prevención, tomando en serio los problemas generados por la contaminación ambiental con afectación del aire, el agua, la alimentación; la falta de actividad física, el mal estado de nuestras vías; con análisis de cómo se dan las relaciones humanas, sociales, económicas, políticas, en su propio territorio.

Ya en el boletín número 1 de salud al día, de mayo del 2019, https://bit.ly/2LC05Z9, el Colegio Médico de Cundinamarca y Bogotá, presentó unas primeras ideas de lo que quisiéramos ver en esa propuesta, resumida en:

  • Un país que vea la salud como parte de la productividad, pero también del bienestar y la equidad social
  • Un sistema pensando en las personas, partiendo de que son miembros de una sociedad sana
  • Más atención y recursos hacia la salud que a la enfermedad
  • Un sistema de salud liderando el trabajo intersectorial en las diferentes dimensiones sociales
  • Un uso de los recursos y decisiones más fluido, sin intermediación
  • Unos profesionales trabajando y viviendo bien, para poder servir
  • Unos prestadores autónomos, pero autorregulados
  • Un aparato de atención cercano y cálido para quien lo necesite
  • Un sistema de salud en donde el manejo de los recursos, que son públicos, cambie la característica de corrupción, por el de la transparencia
  • Un sistema de salud con una información oportuna, pública, abierta, útil para el análisis y el seguimiento de metas e indicadores
  • Un sistema que use el conocimiento para guiar decisiones informadas, que respondan a intereses sociales

EN EL CAMINO HACIA UN NUEVO MODELO DE SALUD:
Impulsar la unidad en torno a la reglamentación de la Ley Estatutaria de la Salud.

La construcción de una propuesta alternativa, con los elementos mínimos referidos anteriormente, debe ser el norte hacia donde debemos ir, que pase obligatoriamente por una etapa de transición, que genere confianza a nuestra población y muestre en la practica que sí es posible construir algo diferente a lo que hoy se tiene y que los pasos que se van dando en forma escalonada hacia adelante, permitan cambiar la correlación de fuerza y se coloque la necesaria reforma estructural al sistema de salud, en la agenda del gobierno como fundamental.

En ese contexto está la Ley Estatutaria de la Salud, expedida ya hace más de 5 años, que fue concebida como una nueva oportunidad para materializar el goce efectivo al derecho de la salud y que se encuentra actualmente en un dilema, de seguir siendo usada como un articulado, para mantener el statu quo y persistir en el modelo caduco de Ley 100 o ser utilizada por los sectores que defendemos el Derecho a la Salud, como el punto de partida de la construcción de ese nuevo sistema de salud, que materialice o haga realidad el goce efectivo a la salud.

El Minsalud a nombre de la Ley Estatutaria, aprovechando que allí no se toca la estructura operativa, viene reafirmando la defensa del concepto que el negocio financiero de la salud puede ir de la mano con el derecho a la salud, su objetivo es lubricar el actual sistema de salud y tratar de resolver la salud financiera del sistema de salud y no la salud de las personas.

La Ley Estatutaria en sus 4 capítulos, define las bases de lo podría ser el nuevo modelo de salud. En su primer capítulo señala los elementos que le dan soporte al Derecho Fundamental a la Salud, con unos principios esenciales que permiten la prestación de unos servicios integrales, su seguimiento y evaluación de resultados del goce efectivo a la salud y la necesidad de articular con las políticas públicas dirigidas a intervenir los determinantes sociales de la salud, financiadas con recursos diferentes a los de salud, con una participación directa de los movimientos sociales organizados alrededor del derecho fundamental.

En el segundo capítulo señala el nivel elevado de preponderancia que tiene el concepto de participación ciudadana en la garantía del derecho fundamental a la salud; la importancia de que todos los prestadores, independiente de la naturaleza de su conformación, juegan para poder cumplir con los requisitos del goce efectivo a la salud y que el criterio de integralidad de servicios y tecnologías de salud únicamente estén limitados por una lista de exclusiones, siempre priorizando el objetivo médico específico de salud diagnosticada.

El tercer capítulo señala que, a los propios actores del sistema, con base en la integralidad de la prestación de los servicios y tecnología requerida, nos corresponde darnos la autonomía y el respeto a la dignidad del trabajo, garantizando mejores condiciones de atención a la población en general, de fácil acceso, sin tramitología, que cubra integralmente sus necesidades.

En el cuarto y último capítulo, deja enunciados temas tan importantes como:

  • Implementación del sistema único de información que recoja los aspectos demográficos, socioeconómicos, epidemiológicos, clínicos, administrativos y financieros
  • Reafirma la necesidad que el gobierno establezca una política social de estado con articulación intersectorial, tomando como punto de ingreso al sistema la atención primaria en salud y la necesidad de modificar las condiciones estructurales que confluyen en la determinación social de la salud y el bienestar
  • Se resaltan dos políticas de tipo nacional, la de innovación, ciencia y tecnología y la de medicamentos, encaminadas a prestar un servicio de salud de alta calidad, con costos controlados, participando del desarrollo científico mundial y poniéndolos al servicio de toda la sociedad
  • Igualmente, obliga a la presencia en zonas apartadas del país, garantizando la disponibilidad de los servicios de salud en todo el territorio nacional, aclarando que la red pública no depende de la rentabilidad económica, sino de la rentabilidad social.

Con los argumentos anteriores, nos corresponde rescatar algo que ya poseemos y poner al orden del día, la reglamentación de la Ley Estatutaria.

Todos los movimientos sociales con relación directa o indirecta con la salud, debemos organizarnos y escoger el único camino que tenemos, el de la movilización social y pasar a la ofensiva para convertir en letra viva el contenido de la Ley Estatutaria de la Salud, ubicada en el más alto nivel de Ley rectora o marco, como garantista de derechos.

Esta Ley que implica un progreso en la superestructura del Estado, debe, mediante la reglamentación, reflejar los cambios requeridos en la infraestructura, base fundamental de ese nuevo sistema de salud.